Saieg, Simón Poxyrán, 2017

La moraleja de este disco es: “no seamos tan pelotudos de envidiar a las nuevas generaciones que están comunicando tan bien las cosas”. Para vos, Alfonso Barbieri. Y para mi, que caí de carambola en aquél ya mítico festival en San Martín de los Andes, en el verano de 2016, en el que Perras on the beach apareció como el número más curioso: un puñado de pibes muy chicos que entre tema y tema decían cosas como “aguante el faso” (era de los pocos que tenían faso entre el público aquella vuelta y me manguearon varias veces). Al toque te sale juzgar pero ya esa noche se notaba que tenían un futuro promisorio.

Hoy el pibe sacó dos discos (uno con la banda y otro solista, que es el que nos ocupa en esta nota) y es apadrinado por tipos con los que crecimos, como Joaquín Levinton (que lo invitó a cantar ni más ni menos que “Loco un poco” a Niceto o Emmanuel Horvilleur, que le hizo un cameo en el video de “El hit”).

Y Saieg está muy bueno. Con poco dice mucho. Pinta su estado de ánimo sin muchas metáforas pero con mucha potencia. Y la producción, con admirable economía de recursos, también esta buenísima.

Cada vez valoro más las expresiones artísticas que van al grano, que si quieren decir que están mal y quieren ir a comprarse un Camel de 20, lo dicen así y ya. Y además sin la arrogancia de creerse fundacionales. Hay un lindo homenaje a Charly García en el medio de un tema.

Banco.

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