120 battements par minute, Robin Campillo, 2017

Nunca más oportuno el estreno en Argentina de una película que pone el énfasis en la militancia de las personas portadoras de VIH como este, en el que se registran faltantes en medicación para el tratamiento del virus.

El film, protagonizado certeramente por el argentino Nahuel Pérez Biscayart, va sobre la lógica organizativa y la acción de Act Up París a principios de los 90, en tiempos en que el SIDA era aún más estigmatizado que en nuestros días: tiempos de “peste rosa” y segregacionismo.

Es una película militante: muestra como los sujetos directamente afectados por esta dolencia salen a la calle con acciones no violentas pero contundentes, en un activisimo de alto impacto como teñir el Sena de rojo sangre o salir a repartir las cenizas de un fallecido por SIDA en pleno cocktail de un laboratorio.

Pero no solo en el retrato de un activismo testimonial se queda el film, dirigido por un miembro de la organización en aquellos tiempos. También muestra como la orga hace política: sus integrantes se sientan con las farmacéuticas, se forman en materia de salud y mantienen reuniones con rígidos códigos de intervención.

Es una peli cero naif, bien alejada del estereotipo del moribundo estilo Filadelfia, que aporta una dimensión necesaria para la vida social como es la militancia para conquistar derechos, y que también muestra la peor cara de la enfermedad.

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