Paterson, Jim Jarmusch, 2017

Si venís buscando los inolvidables momentos pochocleros que nos dio Adam Driver vestido de Kylo-Ren en la refundación de Star Wars, o incluso el dinamismo de los dialogos millenials de la serie televisiva Girls, tengo malas noticias para vos: Paterson es una película de Jim Jarmusch. Y, como tal, maneja los tiempos narrativos a los que el veterano director nos tiene acostumbrados.

Ser el protagonista casi excluyente del último largo de la leyenda del cine independiente es para la ascendente carrera de Driver una cocarda de prestigio. Y el actor, ex-marine, cumple con creces el rol. Se trata de un colectivero -se llama Driver y hace de chofer, je- que escribe poemas que no ven la luz más allá de las paredes de su casa, en la que vive con su mujer (la iraní Golshifteh Farahani) y un bulldog inglés bastante forro (no hay vueltas, el perro en toda la película un antipático y lo será hasta el final).

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Ese perrito celoso no es de fiar.

 

El film cuenta con todos los tics clásicos de Jarmusch: una trama dividida explícitamente en los días de la semana; guiños a Iggy Pop; personajes con sensibilidad artística y la convivencia de esta canalización en la vida diaria.

Jarmusch es un poeta de la vida cotidiana. Trata de expresar la vida tal cual es, sin venta de humo “¡Eh, pero no pasó nada! ¡Estuve casi dos horas esperando que pase algo y no pasó un carajo!” Jarmusch es así ¿Acaso vos salís a la vida y pasan grandes cosas todos los días? También necesitamos de estos cineastas, de estos artistas. Que traten de encontrar la belleza en una ventanilla de colectivo, en un dialogo minimalista durante la cena, o tirados en el sillón.

A través del ciclo semanal, la historia refleja ese momento diario en que nuestras vidas se parecen un poco al Día de la marmota: levantarse, saludar a tu novia que aun duerme, ir a la terminal, escribir un poco hasta que se haga la hora de arrancar, hacer el recorrido, volver, enderezar el buzón de cartas, conversar con tu novia, comer, sacar a pasear al perrito, ir al bar, dormir. Y de vuelta al ruedo. Las diferencias entre los días son mínimas. Como la vida nisman.

Así y todo se trata de un film optimista: hay una exhortación al amor después del amor. A pesar de los incidentes -y en la peli sucede uno que lo pone a Paterson (Driver) de cara a continuar o no virtiendo tinta en forma de poesía sobre el papel- hay que seguir. Y sobretodo estar atento a las señales.

Para mi se trató de un hermoso “Si se puede” pueblerino.

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No me refiero a esta clase de sisepuedismo.

Postdata. Linda voz la de Adam Driver.

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