Pelea al horror, Pez, 2017

Generalmente no escucho los últimos discos de Pez (que son muchos), persiguiendo el berretín de ir escuchándolos a medida que fueron saliendo. Me parece que la banda merece ese esfuerzo del escucha por tratarse de las pocas que aún canaliza su arte bajo el concepto de disco, esa idea ya en desuso que no está ni mal ni bien pero es linda, ordenada, prolija, propia de otra época. Persiguiendo ese objetivo me quedé en Convivencia sagrada (2001), con lo que no conozco los temas de la banda mucho más allá de esa obra.

Pero con Pelea al horror, el último de todos (en realidad ya no, tengo entendido que acaban de lanzar un disco en colaboración con Nebbia que se llama Rodar) hice la excepción porque la veía venir. Es verdad, es verdad… no hace falta ser una luz ni un genio de la intuición para darse cuenta que un disco de esta banda, con ese nombre y con esa gran, gran portada (realizada por Ale Leonelli), venía por el lado de convertirse en uno de los pocos testimonios del rock argentino en referencia a los palos de todo tipo que recibimos lxs laburantes todos los días por parte de este gobierno de botones, malnacidos y miserables.

Es muy valioso lo de Pez. Te pueden gustar más, te pueden gustar menos, pero se la están jugando. Es un grupo con un público ya establecido y muy seguidor de lo que hacen, que podría sencillamente quedarse calladito como hacen otros. Sin embargo, desde el Facebook pero también tocando en eventos como la concentración masiva por los dos meses de la desaprición forzada de Santiago Maldonado, no solo impugnan las políticas de Macri sino también que se la juegan bancando los gobiernos de Néstor y Cristina. Ahora, que los traidores abundan y la caza de brujas se torna cada vez más creciente.

Ok, cuando voy a buscar un disco no busco un panfleto, me pueden conmover desde otro lugar como miles de artistas lo hacen. Pero los tiempos que corren, hermano, hermana, son muy jodidos. Estamos sonados. La tenemos complicada. Entonces un disco que se llame Pelea al horror y en la tapa tenga un corazón averiado pero dispuesto a dar pelea a los palazos limpios, yo lo voy a escuchar. Esa tapa es tatuable, remereable. Es un concepto básico y rústico. Comunica como tenemos que comunicar en estos tiempos de acumular fuerzas y reclutar reclutar reclutar hasta convertirnos de vuelta en mayoría.

Seguro que a Minimal y compañía no le gustan necesariamente las obras panfletarias. No todas las canciones de Pelea al horror van por ahí. Pero el aire de época se siente, es transversal a todo el disco. Nos divertimos, rockeamos con la guitarra de aire, hacemos ruido, pogueamos… pero también recordarmos que las bestias éstas están en Balcarce 50, el Congreso, Tribunales y los medios de comunicación.

“Es difícil, se hace duro pero impera darle pelea al horror”, dice el punto cúlmine de la canción que da título al disco. Quisiera verle la cara a los tibios cuando escuchan a su banda favorita decir eso.

Desde el estilo me da la sensanción que no están buscando ser distintos a lo que ya hicieron. Y eso también está bueno. Me parece que están haciendo lo que les es cómodo incluso en las temáticas, donde la nostalgia tiene bastante lugar (no solo la más clara “1986”, sino también “Los días poderosos” o el alegato anti-transa “Parte de la solución” –“el paraguayo rico hace años no lo veo”, nuestra generación ni siquiera conoce el paraguayo rico-).

En fin, seguramente me queden más cosas para decir. Como sucede siempre que una obra me gusta mucho.

Uno de los discos del año y un testimonio de época.

 

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