En el hambre del padre

No hilvana. No hilvana una frase, te digo. Yo no sé. La verdad, nunca lo vi así. Ninguno de nosotros lo vio así nunca. Solo un poco alegre y después dormido. Un poco alegre si lo hemos visto, pero nada raro. Porque creo que siempre es lo mismo, primero dice tonterías y después se duerme y se caga. Cuando está dormido se tira unos que te la regalo, repugnante, un asco. Es que ya está grande, setenta y cuatro años.

Pobre padre… andá a saber que le pasa por la cabeza. Porque uno cree que los curas no tienen agujeros, que son invulnerables, que están plenamente seguros de si mismos y de su fe. Que se yo, pobrecito. Mirá si tuvo un accidente en el cerebro o alguna de estas desgracias que pasan ahora, qué terrible. En la que viene doblá a la izquierda, si.

Mirá si quedó tumbado en el medio de la calle, habría que ir a recorrer, qué se yo ¿No te digo que está grande? Y, si… las comisarías no, bah, no sé. Son ocho horas, es mucho tiempo. Mucho tiempo. La distancia con la parroquia son diez cuadras, no puede ser, algo tiene que haber pasado. Así nomás uno no se ausenta porque si. Igual los padres entienden la situación. El nuevito fue a dar una vuelta con el auto bordó ese que está hecho una catramina. Y si, ¿no te digo que viven a pan y agua? La gente se piensa que nadan en la abundancia y no es así. Para nada, nada más alejado de la realidad. No recogen nada. La falta de fe, claro, ¿qué cosa va a ser si no? Y a eso sumale los votos que hacen. Setenta y cuatro años y ni un ventilador en verano y en invierno esas estufas del tiempo de ñaupa que sacan para afuera un gas espantoso, horrible. Así no se puede vivir, ¿cómo no va a tener este problema? Además cargar con las confesiones de los demás, así como así, con todos los pecados del otro, no debe ser nada fácil. No, nada fácil. Te deben quedar unos traumas que te la encargo. Unos cargos de conciencia para alquilar balcones, no, no, los sacerdotes tienen una vida mucho más complicada y penosa de lo que piensan los demás que, claro, vienen a oír misa una hora y se van con la conciencia bien tranquila, ¿por qué agarrás Rivadavia? ¡Te estás yendo para el otro lado, Rubén!

 

Otra vez comiste de más, Manuel, otra vez lo mismo. Siempre la misma historia con vos. Y ahora va a venir el almendrado y no vas a decir que no. Necesito eructar, necesito ir al baño. Pero ya fui tres veces, ¿que van a pensar? Van a pensar que uno esta indigesto y bueno, un poco de razón tienen pero que alegría, que lindo que es vivir. Respirá, respirá hondo y se te va, Manuel, se te va.  Así… no, no puedo.

-Si me permiten, me dirijo al baño.

-Cómo no, padre. Vaya tranquilo.

-Permiso.

Tranquilo… tranquilo… tranquilo. Baaandoneón arrabaleeerooo laralí laralaiiii… no tengo más ganas de esto, señor, señor… Bue, señor. Señor de aquí, señor de allá. Tanto señor, tanto señor para terminar creyendo que el señor soy yo, ¿quién me va a negar que soy también señor? ¿quién?

Tenés la pija más pesada hoy, Manolito. Ay querido, el vino, como te tiene, Manolito. Como un rey de un rato, Manolito, como un rey de un rato te tiene, ¿Victoria te la habrá sentido así de pesada aquella vez? Manuel, Manuel, la puta que te parió, no pensés en eso, si se me escapa me muero, me muero. Me muero o me matan. Chau parroquia, chau todo. Y aunque ya no le encuentres gusto a nada ya está, ya estás jugado y sin fichas, ya no hay vuelta atrás.

¡Mojé la tabla! Si serás boludo, Manuel…

 

Hay algo que dijo el padre nuevo, el jovencito, que me puso nerviosa, que me dejó bastante inquieta, te digo. Dijo: “la otra noche el padre Manuel andaba con náuseas y un fuerte dolor en el pecho”, dijo que llamaron a la ambulancia por las dudas, a pesar de que el padre no quería y se enojó mucho con todos, pero no vino nunca. Hasta llego a creer que fue el propio padre Manuel el que llamó de vuelta a la emergencia, a escondidas de todos los demás, para cancelar el llamado anterior. Que se yo… no quiere atención, no quiere que lo atiendan, que se preocupen por él. ¿Mirá si le agarraron de vuelta esos dolores en el pecho, y le agarró un infarto en plena calle? Pero no, no puede ser. Tendrían que haber llamado al celular de alguno de los padres, ir hasta la capilla, algo. Si por acá está esta capilla y la Inmaculada Concepción, otra no hay.

La capilla tendría que tener teléfono, eso seguro. Cuando, Dios mediante, se solucione este problema, hay que hablar con los padres más jóvenes y convencerlos de que pongan teléfono. Uno nunca sabe cuando van a suceder imprevistos como este, nunca sabes.

Ana. Es Ana. Dice que ya recorrieron dos guardias y nada. Esto cada vez se pone más oscuro ¿Habrá ido a Dolores a visitar al hermano ese que tiene? Pero sin avisar sería rarísimo. El jovencito me decía que no hace nada sin avisarles a los demás, incluso que está cada vez más dependiente. Qué rara se ponen las personas con la vejez, ¿eh?

 

Doctor de la ley. Ese es el camino que tendrías que haber elegido, Manuel. Doctor de la ley. Si a fines de cuentas, son los únicos tipos a los que protegen. Prórrogas, prerrogativas. Beneficios, en suma. Si yo me metía a tiempo en la facultad de derecho, esto no pasaba. Nunca hubiese necesitado venir a la casa de un par de inseguros a tomar un poco de vino, a comer un pastel de papas mediocre. Que casero, ni casero. Imaginate, Manuel: sacerdote y abogado. No te para nadie. Dominás el cielo y dominás la tierra. Tenés acceso a las urgencias de todos y les podés ofrecer una solución rápida, sólida. Nadie te pararía. Podría incluso ser abogado de algún pibe en problemas, de los barrios, cosa de no perder la reputación desclasada ¿Quién puede venir a decirte algo así? Nadie.

Pero no, no elegiste eso. No tuviste los ojos suficientemente abiertos. No miraste para donde tenías que mirar. Te quedaste. Te quedaste en la misma, haciendo nada. O haciendo lo de siempre, que, a fin de cuentas, es lo mismo. No te ayudaste, no fuiste capaz de leer la situación. De acomodarte a lo que pide tu alrededor. Ahora estas acá ¿haciendo que? Esperando a que te sirvan el almendrado, mientras vos acá, solo, cómodo pero de borracho, escuchando como, en la cocina, ese par de inseguros discute hablando bajito pero muriéndose de ganas de gritar aunque, claro, si están solos tampoco lo van a hacer. Todo con tal de no pecar. Y escuchas como hablan de vos. Como, borracho, sos un estorbo para ellos. Una molestia embarazosa. Muy embarazosa ¡Tienen un emisario de Cristo borracho, empachado de pastel de papas y esperando el postre! Y no se va más. Y no me voy a ir. Soy su confesor, carajo. No me voy a ir una mierda de acá. Voy a disfrutar tranquilo mi almendrado y lo voy a digerir bien digerido. Quizás, después, me tome un café y recién ahí me vaya. Voy a hacer lo que quiera una vez en mi vida. Ya que no puedo ser doctor en leyes, al menos voy a quedarme en una casa de inseguros hospitalarios al menos una hora más, haciendo nada, esperando morir.

 

Quizás tiene problemas personales muy fuertes y quiere un tiempo en soledad para poder pensar, para reflexionar tranquilo. Una caminata. Pero una caminata no puede ser, ¿una caminata de ocho horas? ¿dónde ser vio? Acá tiene que haber pasado algo, te digo. Y algo grave, algo determinante.

¿Una anunciación? ¿Si se le apareció la Virgen de Luján? El es muy devoto de Nuestra Señora de Luján. Quizás recibió un llamado divino y, desorientado, se perdió caminando por la calle. O se encuentra en presencia divina. Ay, sería maravilloso. Sería realmente maravilloso que eso ocurra. Un sueño hecho realidad, un broche de oro a una vida entregada a los humildes. Me reconforta pensar que puede haber pasado algo así.

Recemos un rato, una oración al menos, una oración a la virgen. Voy a pedirle por la paz de su alma, eso voy a hacer.

Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El señor es contigo. Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito… que la virgen me perdone. Pará acá, ¿no estará acá, en lo del matrimonio Martino?
 

Qué sintético y qué berreta es este almendrado. Prefería helado de balde. Encima me disipa el alcohol.

Ah bueno, visitas. Mirá los inseguros, con visitas a esta hora de la noche. No siempre las cosas son como parecen, Manolito.

 

-Disculpe que venga a esta hora, pero no encontramos al padre Manuel por ningún lado. Estamos dando vueltas por todos lados con el auto hace un rato largo, ya.

 

Tenés que pensar un poquito más en vos, Manuel.

 

-El padre Manuel está aquí. ¿Pero cómo? ¿No avisó en la parroquia que venía para acá?

 

Me dejo ir, me dejo ir.

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