“Lenin y vos es un producto del kirchnerismo”

Hablamos con Bruno Bauer, quien maneja el plumín y los guiones de la tira cómica más corrosiva de la web: el mercado de la historieta, las críticas y los aires de época.

 

Hace rato largo que quería entrevistar a Bruno Bauer. No, no hablo de viajar en el tiempo y conversar con aquél teólogo al que apuntó Marx en Sobre la cuestión judía, sino al autor de la tira cómica Lenin y vos, esa que no subestima al lector, que utiliza el lenguaje de las ciencias sociales y que no perdona a ningún actor político de nuestros días.

¿Hay un plan maquiavélico detrás de esta historieta que, gracias a las redes sociales, derriba las paredes repletas de afiches de Puán y de Sociales?

“Era una historieta que hacía para unos amigos. La mandaba por mail. Hasta que me hice un blog y decidí compartir el link”. Así arrancan las historias de los productos culturales del nuevo mileno, con palabras como ‘link’, ‘blog’ o ‘youtube’. Lenin y vos se pliega entonces a la ya larga antología de hechos artísticos o de entretenimiento que van del 2.0 a las plataformas clásicas.

“Mi experiencia en la web me tendría que haber entrenado en hacer la letra más visible”, dice un poco en broma-un poco en serio el autor, acerca de que los lectores tenemos que activar la lupita para ver los cuadros de diálogo, porque la letra se ve diminuta.

Desde el mismísimo Vladimir Illich Ulianov cual si fuera un periodista estrella del monopolio Clarín, hasta la columna del Dr. Lombrosso en la que la descripción de los estereotipos de esta ciudad están a la orden del día, a Bauer no le tiembla el pulso a la hora de hacer chistes sobre grandes popes del pensamiento como Kant, Hegel, Heidegger, Marx o cualquiera de sus postulados teóricos: “El hecho de que haya empezado como un chiste para un grupo muy chiquito, que eran todos universitarios y egresados, medio que lo marcó. Son chistes para Puán, chistes que entiende la gente que va a la universidad. A veces me pesa eso, medio te lo reprochan. Trato de apartarme de eso… pero no puedo hacer un Lenin más democrático, directamente dejo de hacerlo.”

¿Qué fue lo más terrible que te dijeron?

No tengo un ranking de lo más terrible. Desde que me pagaba el kirchnerismo, que desgraciadamente no es cierto (me hubieran venido bien unos mangos), hasta que era un facho, un trosko. Lo bueno es que se contradicen, un día te dicen facho, otro trosko y terminas empatando.
Desarrollé un callo de indiferencia pero no te pudo decir que soy un zen que me chupa un huevo, si te pegan todos los días, al final vas a tener la cara más dura. Soy un poco más indiferente de lo que era antes.

¿Desde qué lugar se sitúa Lenin y vos?

Los troskos se enojan más que los kirhcneristas. Yo escribo y nunca oculté que soy un progre. No milito en la izquierda radical, tuve simpatías pero no suscribo ahí: soy un progre que oscila entre Binner y algún kirchnerismo, eso soy yo. Pero la historieta no me expresa tanto a mi. De hecho muchas veces hice chistes en contra de cosas que yo mismo creía porque se me ocurrió. La revista expresa un momento y creo que es un producto del kirchnerismo. Expresa un momento de fuerte politización del discurso público y donde aparecen en los medios cuestiones que antes solamente se hablaban en la academia. Por ejemplo, la crítica a los medios de comunicación.

 

¿Cómo “Continuará…”?

Recuerdo aquél chiste en el que Mafalda, el ícono por antonomasia de la historieta argentina, iba creciendo y con ello mutando de niña soñadora y romántica a una especie de denunciadora serial de Facebook y caps lock, una Stolbizer de entre casa en el que el pasado progresista es nada más que eso: pasado.

“En el caso de Mafalda, lo que hago es remarcar lo bien que hizo Quino en dejar de publicarla en 1975. El problema es que el personaje no se murió en el 75 y lo que hubo fueron una serie de apropiaciones. Mafalda tuvo una circulación mucho mayor que la que tuvieron todas las otras historietas juntas, como que tomó vida propia. No es una crítica a Mafalda porque Quino no se convirtió en Lilita, es una critica a la circulación que tuvo Mafalda.”

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Mafalda nos sirve de disparador para hablar de algo mucho más denso. Para hablar de la industria editorial en Argentina. Porque Mafalda es el reflejo de una clase media que gracias a cierta cultura de masas, aspiraba a cuestiones más nobles que el discurso de la inseguridad y el “son todos corruptos”. Una clase media que escuchaba a los Beatles, que accedía a discos de Atahualpa porque su tirada era masiva, que en los kioskos de diarios podía conseguir un libro de Rodolfo Walsh.

“El de la historieta es un mercado de nicho que en gran medida funciona por la autogestión. La ganancia o el beneficio se hace a costa de la autoexplotación del productor. Se dedica mucho tiempo a hacer una historieta sabiendo que no se va a ganar bien, pero se aseguran la distribución. Editoriales que les pagan muy pocos a los autores, pero los autores igual aceptan para aparecer en libro, para llegar a tal mercado…”.

¿Tiene un público la historieta en nuestro país?

Necesitamos un público. Cuando aparezca un público van a venir los capitales. No hay un público.

Pero es un poco como el huevo o la gallina…¿el capital hace al público o el público hace al capital?

Bueno, si te ponés mas keynesiano, vos podés estimular la demanda desde afuera, pero se hicieron intentos. Acordate que Perfil en los 90 traducía las historietas de DC. Hubo intentos industriales, Fontevecchia tuvo una suerte muy despareja en ese sentido… Caras le sale bien, esto le salió mal.
Independientemente de que las empresas puedan modificar el mercado, ese mercado no lo tenés.  Fíjate que si subís a un tren o subte vas a encontrar más gente leyendo una novela tipo Florencia Bonelli que una historieta. Acá paradójicamente tenés más público para la novela que para la historieta. Digo esto porque la historieta tiene el aura de cultura popular pero no, acá forma parte de un nicho bastante elitista.

¿Y a Cascioli dónde lo ubicamos?

Es justo el hombre del medio. Es al que le empieza a ir mal, es uno de los que durante la dictadura logró una voz discordante que le generó muchísimo público: Humor era como Serú Girán o una pelicula de Aristarain, ese lugar donde vos ibas a escuchar algo que no se podía decir en otros lugares. Cuando llegó la democracia no se supieron situar muy bien, no quisieron hablar mal del gobierno de Alfonsín para sostener el proyecto democráctico, fue perdiendo filo y la revista se fundió. Más allá de los no se cuántos juicios que le hizo el gobierno de Menem, no la ayudaron. No tuvo público.

 

*Entrevista realizada en el programa radial Desde la alcantarilla, martes a las 19 por Radio UNDAV, junto a Carla Sofía Poulain y Celeste Montenegro.

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