I’m like a bird

Los últimos 12, todos los 13, los 14. Eso no había llegado. Todavía no estaba tirado en la cama escuchando OK Computer, llorando entre las sabanas por no entender el mundo (intuitivamente era eso, no sabía que lloraba por eso), pero sobretodo por no entender el amor. No estaba todavía estaqueado en el medio de ningún patio de Banfield.
Aún era el tiempo del colegio primario: el final del colegio primario. Es más: el verano de transición del primario al secundario. En aquel colegio consagrado a la misionera Madre Mercedes del Carmen Pacheco, (tucumana fiel, tucumana que se sentaba con los intendentes, tucumana que pilla ella elegía el blanco y celeste para el habito, tucumana que ni se si estaba viva para entonces pero que digamos que sabía que el peronismo se hizo con las ostias. Con otras cosas también, si. Con la sagacidad de uno, con la imbecilidad del Partido Socialista y la impotencia en el callejón de la UCR, con los gremios con ganas de charlar, también. Pero con las ostias, que joder. Acción Católica para todos, capellanes por decreto). Decía entonces que en aquel colegio consagrado a la caridad y la meritocracia, en el centro de un Lanús todavía no de franquicias gastronómicas, todavía no de boom inmobiliario, todavía no de Lanús Campeón Institución Modelo, el secundario tenía una característica que nunca me dejó de parecer atroz: se cursaba a la mañana. Vos en el jardín, vos en la primaria, podías elegir el turno. Y mis viejos eligieron la tarde. Hasta el momento hice todo el colegio a la tarde. Cuando interpelé a mi madre para saber por qué tan sabia decisión, ella redobló la genialidad: “porque eran chiquitos y a la mañana hacía mucho frío, prefería que se queden durmiendo”. Así fue que pasé, ponele, una década, sin saber que existe vida por la mañana. No estuve en una parada de bondi a las 6, 7, 8, 9 ¡10 de la mañana! nunca. Nunca el frío, nunca nada.
Una de las cosas más lindas de la niñez es que no tenés noción del tiempo. Lo compruebo ahora: lxs pibxs no saben qué hora es, qué viene después del ahora, a veces ni siquiera saben qué día es. Es todo tiempo presente: partido ganado.

Entonces era verano y todavía no había llegado ni la mañana, ni Ok Computer, ni nada. Ni nada. Ni un carajo. Y alguna compañera capricorniana cumplía años y puso Pelopincho o Sol de verano. Las imágenes son pocas pero bastante vívidas. Fue algo así como un aviso de cómo iba a ser la vida de aquí en adelante. Más que la vida, algunos elementos de aquella vida. Mi vida era fulbo, fulbo, fulbo (sábados a la mañana de Premier League, resúmenes de partidos del ascenso en TN Deportivo, el tranco poético de Juan Román Riquelme sobre el verde césped con el Firulete cantado por Julio Sosa en un programa con Bonadeo, el Pepe Chatruc, Estévez, Milito, campeones, campeones si, campeones pero se estaba armando el Independiente 2002 del Tolo Gallego y ya le estaban haciendo bombo o eso quiero creer, y estaba el Rolfi y el Pocho Insúa y un tal Guiñazú, y después para el último cuarto de partido iba a entrar un tal Toti Ríos que era imparable, iban a salir campeones, y le hicieron 8 a Colón, 7 a Argentinos y aquél 4 a 0 en un feriado en cancha de River que lo vio todo el mundo y la recalcada concha del cosmos, como lloré ese día que un poco significó la clausura de la pasión futbolística extrema en mi vida) y los muñecos de Episodio 1: La Amenaza Fantasma que seguían teniendo relevancia (de esa peli tuve todos originales: Darth Maul, Qui Gon Ghin y un aparato que no servía para ni mierda que se llamaba Sistema Come Tech o algo por el estilo, que se manejaba con cassettes y hacía que los personajes hablaran, nunca pude hacerlo encajar en mi universo lúdico de guerras clónicas que podían llegar a poner la República en las peores manos pero que en realidad no me importaban tanto como los dramas familiares dignos de culebrón de la familia Skywalker).

Entonces habría, allí en el cumpleañitos, vasos de jugo, alguna papa frita y un sol de enero que quemaba. No sé porque no me metí en la pileta. No tengo idea por qué: solo sé que no me metí. Y algo la música ya me debería interesar porque, si bien estaba a meses de Ok Computer (aunque en el tiempo de esa edad en verdad eran años), cuando se pusieron a manipular el grabador sentí la primera señal. La primera señal de lo que hoy veo como “lo venidero” ¿Cómo que ocho o nueve pibes y pibas se reúnen alrededor de un radiograbador a escuchar música? Eso no había pasado hasta el momento y nunca siquiera lo había imaginado. En aquél planeta de intimas espadas láser y eufóricas pelotas de futbol ya había entrado MTV: ya estaba al tanto de un chabón de rastas amarillas que le cantaba a un gato callejero, algo de Turf y los Chico Migraña, Elvis Christ de las tandas que no los agarraba ni con una grúa. Una de las chicas insistía en repeat con un tema de Nelly Furtado, en el que decía algo así como que quería volar como un pájaro. No sé si fue así, pero el tema sonó toda la tarde. Estuvo en repeat hasta que me fui de esa casa. Sonó en todas mi nometidas en la pileta de todo el cumpleaños. En una de esas, si me daba un chapuzón cambiaba el código de barras del universo y de paso modificaba mi destino de derrota de esos años sucesivos, nutritivos. Quién sabe. Con radiograbador prendido y algún grano que empezaba a esgrimirse a si mismo como ítem físico de “lo venidero” (mentira, la cosecha de granos vino mucho, mucho después. En ese tiempo todavía tenía la piel de Leonor Benedetto), me atrincheré en el quincho contiguo cuando azorado empezó la maniobra de los besos.

¡Se estaban besando! ¡Todos con todos! ¡Se besaban! ¡Se besaban! ¡Se besaban! ¡Se besaban! Era tapa de diario, era no entender absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo. A la cabeza de la maniobra estaba el Isis de mi infancia, el pibe que cuando iba a la casa y se le ocurría jugar a la calesita me subía de prepo y arrancaba a darle vueltas con todas sus fuerzas, que eran muchas, induciéndome al mareo instantáneo. Era Doomsday. Era Killer Croc. Un Doomsday o un Killer Croc que en lo inmediato la iba a pasar bastante como el orto –y me reconozco instigador clave- pero que en ese momento era el gran campeón de la jornada. El jugador del partido. El que sorprendió con una jugada nunca antes vista. El mismísimo Vladimir Lenin. El tipo que trajo algo nuevo y estructuralmente revolucionario a nuestras vidas: el primer pibe al que vimos besar. Iba de piba en piba como de juego en juego en un PlayCenter.

Quedó, para la caprichosa memoria de este relato, congelado delante de un decorado de plástico que simula un arcoíris. Para siempre. Con galera blanca. Con saco blanco. Con un bastón. Y unas trompetas de big band acompañan su perfume de gigante, Doomsday pasado de Danonino y jugar en la calle. Con todas mis compañeras y compañeros de colegio con diez años bailando una coreografía perfectamente sincronizada. Entre bambalinas ¿Yo? Envuelto en un toallón, mojado con el agua invisible de mis chapuzones inexistentes, miro de atrás. Y el pibe entona una versión soundtrackera de Nelly Furtado. Y con vos de diez años canta:

Eres hermoso, eso es seguro
Tu jamas marchitaras
Eres adorable, pero no es seguro
Que yo nunca cambie
Y aunque mi amor es raro
Aunque mi amor sea verdadero

Coro:

Soy como un pajaro, solo volare lejos
No se donde esta mi alma
No se donde esta mi hogar
(Y cariño, eso es todo lo que necesito que sepas)
Soy como un pajaro,solo volare lejos
No se donde esta mi alma
No se donde esta mi hogar
(Y cariño, eso es todo lo que necesito que sepas)

Tu fe en mi me ha hecho llorar
Aun despues de todos estos años
Y me duele bastante decir
Que tu no me conoces bien
Y aunque mi amor es raro
Aunque mi amor sea verdadero

Coro

No es que quiera decir adios
Es solo que cada vez que intentas
Decirme, que me amas
Todos los dias que se
Eventualmente voy a tener que dejarte abandonar

Y aunque mi amor es raro
Aunque mi amor es verdadero, si
Hey, estoy asustada
Que podamos caer
Si, si, si, si

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