“El estereotipo es un excelente punto de partida”

Poeta oral, performer, periodista. Conversamos con Lucas Fauno sobre como sobrevivir en la sociedad hipócrita que nos tocó en suerte y no morir en el intento.

Foto de Enzo Federico Lamaison

Sos poeta, sos performer, sos periodista… ¿Cómo combinas todas esas vertientes?

Jamás me había considerado periodista hasta hace algunos años, cuando Diego Trerotola me hace una nota para el Suplemento Soy y me pregunta:  ‘¿Escribis para medios?  Si  ¿Tenes tu programa de radio? Si ¿Tenes tu propia revista? Si. Bueno, entonces sos periodista”. Me costó mucho reconocerme como periodista porque me daba como cierta falta de respeto a las personas que estudiaron. Hasta que dije ‘bueno, pará. Lo estoy haciendo, lo reconozco’. De todos modos, me gusta la no definición porque la definición es también terreno limitante: ‘al ser periodista no puedo tal cosa’. Me gusta la Y: soy periodista Y soy escritor Y soy performer.
Hay una palabra que me gusta mucho que es “artivismo”, que es la mezcla de activismo y arte, porque si yo ahora me paro en una esquina y te digo ‘no tenes que decirle a las mujeres tal cosa’ o ‘ser puto no es Fabian Gianola’ que se yo, te va a entrar por un oído y salir por el otro. Ahora, si hay una manera de decirlo visceralmente con un acto poético, mejor  (por favor puaneros que quieran hablar de Jodorowsky no me rompan las bolas ni me revoleen panes rellenos).

Conozco el estereotipo, pero… estudio en Puán**…

Imaginate que yo soy terrible puto así que aprendo a pararme en los estereotipos. Los estereotipos son excelentes puntos de partida. Si los tomas como el fin de un recorrido, pobre persona…  ¿Sabes que pasa con las personas que toman los estereotipos como una finalidad? Es como diría José Ingenieros, son las personas que conforman la “mediocracia”. Hasta que llegue un disruptivo, porque los mediocres no quieren sentirse mediocres en comparación a alguien. Ese es el problema del mediocre. Al que aparece proponiendo aprender lo tiran abajo porque es el que le marca la diferencia. Que es un argentinismo al palo. Eso de que si alguien crece, tirémoslo abajo.
El estereotipo es un lugar para regurgitar, es una bonita mamushka para morbosear.

En vos ¿El ser homosexual es fundante de esas ideas o surgen antes?

No, es parte del dialogo. Tengo tatuada la palabra puto, tengo una pija tatuada. En la pierna tengo un marinero en verga al palo que es en base a mi actor porno favorito que se llama Colby Keller, un neoyorquino, comunista que regaló todo lo que había en su casa y se quedó con una cara gigante de Lenin. Hace charlas anticapitalistas y obviamente esta mas bueno que comer pollo con la mano…

En su bio de Twitter, Peter Robledo dice que quiere ser el primer presidente gay de la Argentina  ¿Robledo es un emergente de estos años en que se visibilizaron mucho mas las luchas de género?

Si lo tomamos estructuralmente, Robledo hace activimo de red social. Eso no es activismo. Decir “soy gay y hago” ¿Repartir forros es todo tu activismo? Generas que se repartan forros en las zonas rojas para que a las chicas trans se las culeen y tu repartir forros tiene que ver con que un padre católico, apostólico y romano no contraiga VIH y continúe en su bonita casa palermitana. Lo que hace Peter Robledo se llama higienismo, que es limpiar y mantener a todos los seres nefastos como yo, como las trabas, como todo aquel disidente, que no importa lo que haga con su genitalidad sino con sus convicciones. Porque si queres que te cuente de culos rotos de personas heterosexuales hay un montón, pero no podemos juzgar a la gente por eso. Nuestras practicas sexuales no definen nuestra identidad. A mi me divierte mi ser puto (si me dicen gay se pudre el rancho, fiero), me divierte el plantarme y decir que tengo VIH. No me divierte por mi, porque por ahí yo llego a mi casa y lloro bocha, me divierte por las caras de los demás.

¿En la diaria se ven esas caras o se ven cada vez menos?

Se ven a la legua y se nota hasta en el cuerpo. Lees en el cuerpo de la gente la idiotez. Cada vez que alguien no me conoce, de repente es todo solemne. Y entonces ‘no pareces vos con VIH’. No soy Tom Hanks en Filadelfia. Eso es lo que pasa con los diálogos cerrados en los que vivimos hoy en día.

¿A esas personas hasta donde los entendés como victimarios y hasta donde como víctimas?

Los comprendo en el dialogo. Por ejemplo vos venis y me decis ‘ahi estaba el travesti’ y yo te digo ‘no mira, se dice la travesti porque se autopercibe como femenina’ y vos ‘ok’. Ahora al otro día volves y decis ‘el travesti’… a la tercera no se si sos víctima o victimario pero te voy a patear los huevos. La ignorancia es un hermoso lugar de partida. Yo también dije ‘el travesti’. El problema es cuando se vuelve un nicho de comodidad y peor aun, de activismo. Como esto de salir a repartir forros  a la zona roja que esta bien, lo podemos hacer. Pero es como que yo diga que estoy en contra del matrimonio igualitario. A mi me pareció una ley necesaria y urgente porque había gente que se quedaba sin herencia, sin obra social. Ahora tomarlo como finalidad es otra cosa. Tenemos que luchar como sociedad para desarmar un  matrimonio que aun es católico, apostólico y romano, que es reestrictivo, que habla de binomios y de parejas. En el que no podemos generar una tríada ni otras maneras de vincular. Cuando el capitalismo no te puede destruir, te incluye. Ahora somos una gran oligarquía rosa: somos personas que pueden comprar un caniche toy y tomar una hipoteca. No hay que concebirlo como dialogo cerrado: ‘bueno ahora cásense y vayan a casa’. El matrimonio ya de por si es nefasto porque te encorsetan social, moral y actitudinalmente. Yo siempre le digo a mis amigos héteros que ellos son putos. No por sus prácticas sexuales. Sino con cómo te plantas ante las imposiciones. Yo en una Marcha del orgullo, o en una marcha por la inclusión del cupo laboral trans no le voy a preguntar a las personas que están marchando cuál es su orientación sexual, con qué gozas. No, estas plantado, estas acá marchando… bueno, sos mi par. Entonces tiene que ver con eso. De repente como que nos compramos la valijita Juliana de “ahora soy gay”. Fue uno de mis grandes problemas cuando me asumo, porque para mi la manteca seguía siendo un lácteo y no un color.

Estamos en Avellaneda y es imposible no relacionarlo con Néstor Perlongher… ¿Desde qué lugar abordás la poesía?

También es un devenir. Nunca hice las cosas en pos de ser algo. Sino que siempre eyaculé lo que tenía y ahí se fue moldeando. Y en mi ser poeta es todo el tiempo un dialogo, incluso cuando escribo. Pienso como va a pegarte a vos cuando lo leas en tu casa. Como puede hacerte virar para otros lados, como hacer para que lo que te digo, te arda. Y cuando estoy en cuerpo, en persona, me cuesta  mucho escribir mis textos porque remato muchas cosas con el cuerpo, con la cara. Y es una cara, un rostro, un estadío que me parece también un lugar muy interesante de la poesía. Hoy la poesía está atravesando un momento muy complejo porque somos poetas criados y hechos al escenario en una tensa calma. El slam de poesía empieza en 2011, teníamos que gritar, teníamos obviamente causas. Pero no son las mismas causas que ahora ¿Entonces sabremos adaptarnos poetas a lo que pide el momento o vamos a seguir gritando y haciendo de nuestro espacio de libertad el pequeño escenario de un pequeño centro cultural en una pequeña calle escondida? ¿Vamos a saber salir a la calle a pelear?

Es la pregunta central que se hacen muchos colectivos por estos días…

No hay respuesta. Es una acción y un hacer. Fuimos criados y autoconvocados en otro momento. No es lo mismo un texto en 2011 que hoy.

¿Que cambió?

El panorama político, 100.000 personas en la calle, el protocolo represivo ¿Que vamos a hacer? ¿Nos vamos a parar de nuevo en un escenario de una noche borracha y empepada a hablar de “mi ex”? ¿Dentro de cinco años cuando pensemos en hoy vamos a decir ‘mirá como no lo vi, mirá como me hice el boludo?

A veces el género performático transita la delgada línea entre el amarillismo y la penetración en la subjetividad ajena ¿Cómo lo encarás vos?

Yo laburo mucho con mi cuerpo. Voy, me planto en la calle y me hago una paja mientras estoy tirando un texto  ¿Que hacés vos? ¿Me vas a mirar o me vas a escuchar? Me pasa de ir al MALBA, MAMBA, no se qué y decir “no entiendo una chagar”.

¿Y con los medios de comunicación como te llevás?

Tengo una columna de sexualidad en MuchMusic. Mañana voy a hablar del punto G masculino que es la próstata, que está en el culo, y por ahí se pone tu masculinidad en juego ¿Vas a dejar de explorar tu placer porque te imponen algo social? Te puede gustar o no, tampoco nos vamos a poner en tiranos del placer en el orto. Pero te estas bañando… ¿Sos capaz de meterte un dedo en el culo y tocar tu próstata o en ese baño atrás de la cortina estan vos, la sociedad, la iglesia, todos tus amigos, ”puto el que lee”?

Gianola…

¡Gianola! A mi me costó un montón ser un puto guarro. Era un puto a la deriva, pensaba que tenia que ser “femenino”. Te perdés el descubrimiento de un placer y es la otredad quien te descubre. Y es siempre quien va  a opinar sobre tu deseo, placer, belleza. Esto es muy capitalista, el afuera nos da nuestro placer, el sistema necesita gente adoctrinada. Vivimos en un país donde todo gira en torno a una gran pija de cemento en la avenida mas grande.

El recuerdo de Effy

Ineludible fue la pregunta por Elizabeth Mía Chorubczyck, mejor conocida como Effy Beth, activista trans y artista performática fallecida en 2014 y que se proclamaba como “Transexual, bisexual, casta, judía, atea, extranjera, porteña, artista, mujer: potencial amenaza a tus prejuicios”.
Dice Lucas:
Las perfo de Effy siempre tenían un dialogo, nunca se completaban sin la mirada del público. Y Effy se paraba y te preguntaba algo con su cuerpo, su accionar, con su movida, “lo vas a tener que completar vos porque sino vengo y te digo ‘es esto, cerralo’”. Tenían mucho laburo previo, mucho pensar,  mucho juntarnos, mucha pregunta. Por otro lado, hay cosas que surgen… las performances son un sujeto vivo. Pide, ofrece, dialoga. Te presentás y lo estás haciendo . Quizás surge algo vivo acá que dialoga y nos va a pedir algo que en el boceto no pensamos. El laburo de Effy siempre fue muy premeditado, nada amarillista. Cuando le dicen “no vas a poder ser nunca mujer”, ella agarra y se extrae un litro de sangre, lo divide en 13 veces y una vez por mes utilizaba una parte de esa sangre para una perfo. Dejó caer su sangre por su cabeza hacia una toallita y dijo “mi órgano mas fuerte, menstrúa”.

*Nota realizada en el programa radial Desde la alcantarilla, martes a las 19 por Radio UNDAV (FM 90.3) junto a las compañeras Carla Sofía Poulain y Celeste Montenegro

**Puán es la calle sobre la que se encuentra la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en el barrio de Caballito.

 

 

 

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